Ángel, magistral:

“Esto constituye una de nuestras más grandes tragedias; la pérdida no sólo del concepto sino de la voluntad de finitud que tenían los griegos. El arte ha sido en buena parte un pensar lo finito: organizarlo, distribuirlo, volver a casa y alas figuras de la casa, lo finito por excelencia”.

30, 4.

Pongamos por caso que sucede lo improbable y me dan un trabajo de mala muerte en la facultad de bellas artes, entonces tendría que ponerme manos a la obra de inmediato para sacar adelante un par de escritos:

a) Ensayos sobre viejos temas de la historia del arte, para hace una heurística sencilla de la historia del arte. Que debería contener todo el conocimiento acumulado sobre, el concepto de arte su lugar en el conjunto del saber y del hacer, por ejemplo, el ensayo de Leonardo desde Dijksterhuis, Gille, Popov, Ackerman, para ver los distintos significados de ciencia, y aquellos significados donde el arte tiene su parte. Sobre la pervivencia, en el s. XVIII del concepto de arte antiguo. Sobre las perspectivas artesanas, y los instrumentos aplicados. Ensayo sobe el dibujo y los barcos; y el ensayo sobre los dibujanes y los ingenieros. Y uno último, sobre el valor instrumental del dibujo, en la educación Aristotélica.

b) Un manual de dibujo para alumnos de bellas artes.

c) Ensayo sobre Alexander Calder.

Después de dos años tendría los dos primeros escritos, al menos.

Y después me podría tomar un descanso, para hace una vida un poco más normal.

Si lo improbable no sucede,

entonces ójala que pueda encontrar un trabajo en un almacén o en un supermercado,

y en ese caso, todo eso me llevará algo más de tiempo, pero lo sacaré adelante igualmente, aunque sólo sea para dar en las narices a los que jamás me han tendido la mano.

***

Soy feo a la mirada de los demás. Tengo una cara ancha como la de mi abuela, y no del todo proporcionada. A veces me siento triste por ello. Otras veces, me digo que sólo es un tamiz. Que no puedo ser feo, porque la belleza no es una cualidad de los seres propiamente, sino aquello en lo que la mirada de los demás reparan; y si soy feo para los demás, es porque ellos no tienen la belleza en el ojo.

***

María decía que yo no era feo.

Ayer mismo hablé con María, me la encontré por Mérida, por la calle Santa Eulalia, iba con una amiga que no recuerdo el nombre, desde diciembre me parece que no sabía nada de ella. Sigue igual de guapa, y cada vez más inteligente, pero apuesto a que todavía no tiene novio, lo cuál es bastante intrigante a mi entender. Me parece que me guarda un poco de rencor, en realidad yo diría que incluso un poco de odio.

Pero cuando salí con ella en dicimbre no hice nada malo, al contrario. Si no llegué a mayores con ella es porque intuía que sin darme cuenta yo estaba intentando tan sólo olvidarme de A., en vano. No estaba utilizando a María tampoco, eso que conste, sólo estaba probando a ver, no había nada de malo en hablar, cenar, beber café, y ver una estúpida obra de teatro. Al primer beso, que lo propició ella, no yo, dejé de salir con ella. Claro que, ahora lo sé, el peor momento que puedes elegir para cortar una amistad que se desborda, es precisamente el momento justo después de que te den un beso. Es normal que esté molesta, supongo que tocó un poco su orgullo, pero no era mi intención. Y se lo expliqué todo, al menos lo mejor que pude, porque la verdad, tampoco es que haya nada sensato que explicar.

¿Acaso prefería que la hubiera tomado por entretenimiento? Yo no voy a besar a una persona si no la quiero, aunque me guste físicamente incluso, y aunque me apeteciera besar a alguien (y realmente me apetecía). Si beso beso porque quiero a la persona, así de sencillo.  Puede que sea tonto, pero también soy de espíritu claro y sencillo.

Aunque cada vez esté más olvidada A., todavía sigue latente en la memoria.

¿Por qué? Apenas la conocía.

Además, utilizaba tacos: “…me la pela”, dijo más de una vez.

Y no me quiere.

Que paradoja, no querer a quienes te quieren, y querer a quienes no te quieren.

Se pasará, como se pasa todo en la vida,

aunque ya estoy tardando demasiado.

Kipling

“You can see that it is five o’clock, because (in this picture) the clock says so”.

Kipling.

Aunque ya no recuerdo en dónde, me parece haber leído de niño un pasaje en algún cuento de Rudyard Kipling en el que un señor, tras citar a un amigo a las ocho y treinta y cinco de la tarde, le dice: “sincronicemos nuestros relojes…”. Cada uno se pone su bombín y se marcha hasta la hora acordada. Siempre podrían haber establecido otros acuerdos: “Señor, nos veremos al caer la tarde…”. Pero los juicios de valor que tales acuerdos habrían introducido, con toda seguridad habrían propiciado el desencuentro, a excepción de que se hubieran acordado otros indicadores más o menos exactos de un punto en el tiempo: “nos veremos cuando la sombra de tal objeto alcance…”. Si el tiempo fuera sólo un mero discurrir para cada sujeto, y no hubieran podido fijar un punto predecible −las ocho y treinta y cinco−, demos por seguro que los amigos nunca se habrían encontrado. Sin duda, debe haber algo más que un discurrir de ese tiempo que lo mismo les habría de pareceles que pasa lento como que desaparece por arte de magia, ya que, una vez sincronizada la escala de medición, y por convencional que sea… es posible la verificación de tan insólito −absurdo por sencillo− hecho: ninguno habrá tenido problema alguno en coincidir en el sitio y en el momento justo acordado de antemano, salvo que por el camino se den causas mayores que lo impidan. Ergo, los relojes habrán fijado un punto en el tiempo.

 cada vez me asombran más los cimientos tan débiles en los que se puede apoyar la gente de reconocida autoridad para darnos la matraca.
“¿qué es el arte?”, le pregunta… Evasivas… (Desde Duchamp… todo es… buen arte, mal arte… etc. ect.) Y sin responder claramanete, acto seguido ya estamos hablando de arte (¿de qué arte?) como si nada, aunque aún no sepamos de lo que estamos hablando… y el otro sigue erre que erre, no sin razón, “¿pero entonces cómo definiríamos arte?”, y de nuevo evasivas, o peor aún, mitos (el arte es una representación de sí mismo o algo en lo que el artista ha introducido algo de sí mismo) que ya había puesto patas arriba incluso Aristóteles con los congéneres. Precisamente el otro día discutía un seminaio muy similar con un amigo que me dijo con tono sarcástico, ¿y cómo es posible que tanta gente pueda estar equivocada (menos tú), y que tantas instituciones se levanten sobre un equívoco, y se escriban tantos libros y se hable tanto apoyándose en una mentira? Le respondí algo sencillo, la filosofía escolástica era un conjunto de arquitecturas de pensamiento muy rigurosas y a veces incluso asombrosamente coherentes, desde el punto de vista técnico. Y sin embargo las arquitecturas bailaban en última instancia sobre un palillo, la idea débil de Dios. Pues un poco es lo que pasa aquí… solo que aquí la idea débil es la idea de arte.
Tan débil es la idea de arte que se maneja en esos lares, que hasta las bellas y viejas artes (las artes del dibujo y de mímesis, y la arquitectura) tienen todavía fundamentos infinitamente más sólidos.

Me siento mejor.

Me doy cuenta de lo que he cambiado yo en estos años; y quizás algún día pueda volver a atrás; es lo que deseo, recuperar la bondad que me era tan fácil en otro tiempo.

Ahora, al menos, me conformo con aceptar lo inevitable, es decir, seguir amando a las cosas y las personas, aunque se hayan vuelto inalcanzables unas, y haya dejado de tener sentido para las otras.

***

Mi abuela Isidora; fue su cumpleaños; ¿cuántos años son ya con la cabeza turulata? Muchos. Casi ni me acuerdo de ella cuando estaba bien. Me acuerdo de aquello que anoté una vez en aquel momento de miedo, la gracia es la cara de una persona. Y cuando se tiene ese recuerdo de una cara ya no puedes dejarte llevar por las maldades del mundo, porque sabes que eso entristecería a esa persona; y de ahí que, siempre que tienes que guardar la calma en el instante de peligro, la cara de esa persona brota de lo más hondo de la memoria. Quizás, después de todo, tenga sentido la idea de que unas personas hacen mejores a otras.

Alguna vez encontraré a alguien como Isidora.

Retórica y lingüística

Si hay una figura retórica en el habla común que debería tener un interés lingüístico sobre todas las demás, es la reiteración de una palabra para expresar afirmación, énfasis, incluso representación de grados absolutos y parciales por omisión de representación. Así, acabo de escuchar a mi padre decirle a mi madre, ¿quieres café? A lo que mi padre ha contestado: ¿café, café? (en el círculo de otras posibilidades: puede tomar descafeinado, café, y cereal molido). Y hace unos días, una amiga me decía: el nuevo de mi oficina es idiota. Idiota, ¿en qué sentido?, le pregunté. A lo que contestó: idiota, idiota.

Goethe

Esto resume en buena medida una convicción que está en la base de mi tesis, y no sólo una convicción sino un imperativo para los pintores.

 

“Uno de los rasgos más descollantes de la decadencia del arte es la mezcla de sus diversas modalidades. Las artes mismas, al igual que sus modalidades están muy relacionadas entre sí, tienen cierta tendencia a unirse y a fundirse unas con otras. Pero, precisamente por eso, el deber, el mérito y la dignidad del auténtico artista consisten en separar la parcela del arte en la que trabaja de las otras, y aislarla tanto como le sea posible” (Goethe: Introducción a los Propíleos, 1798).

Lo que por el día se cree olvidado, aparece por la noche pidiendo ayuda.

***

Hoy es el cumpleaño de mi abuela, tantos años ya con la cabeza hecha cisco, parece la gallina turulata. Dios es inescrutable, pero sabe lo que hace.

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Soy incapaz de aguantar el rugir de las tormentas, no sé cómo los artistas alemanes las apreciaban tanto.

25, 4.

Cuando escucho y leo a C., pienso lo cansado que debe ser uno de esos historiadores y filósofos que tiene que escribir todo el tiempo sobre el tiempo presente. Creo que debe ser como ir todos los días y toda la vida a la carrera; yo no sería capaz, me sentiría angustiado por tener que escribir con los tiempos ya marcados, al igual que sucede en la cinta mecánica de la fábrica; solo que todavía más rápido.

Acaso caigan fulminados si se les pasa algo.