Poema en código morse.

 

 

 

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31, 3.

“Hay un tipo de logro que es indistinguible del pánico”, habría dicho Degas, según Daniel Halévy, Degas Parle, 1960, Mina, Wesleyan University, 1964, p. 119.

Creo que expresa exactamente lo que siento ahora. Es la primera vez en todo lo que llevo de redacción de la tesis que de verdad me siento como jugando con fuego, tocando con los dedos algo maravilloso pero también un poco inestable; y eso es buena señal, quiere decir que vamos llegando a una isla sin puerto.

 

30, 3. Fragmento de tesis.

Tanto es así que todavía esta metáfora sigue soportando algunas tesis que llegan a sostener que todo ese mundo veloz y cambiante de la modernidad modificó (de alguna manera radical) la percepción general de las personas. Vale que, al lado de los coches y los aeroplanos, aunque fueran en sus modelos más primitivos, la niké que iban en la proa de los barcos griegos nos parecen una esfera celeste. Y de ahí que el movimiento de sus paños nos evoque más bien la resistencia a la pujanza del aire que su cortejo, y, en definitiva, un desplazamiento casi imperceptible por su lentitud, aunque no lo suficiente invisible como para que no nos siga llamando la atención. Yo no quisiera ser un aguafiestas, pero huelga decir que los fenómenos móviles, algunos ciertamente efímeros, por suerte han existido desde siempre. Y no hay razón para pensar que los pintores modernos fundaran desde la nada la representación de movimientos en la pintura, ni razón para, asumido esto, pensar que hay una gran diferencia en el planteamiento técnico que supone representar pictóricamente al vencejo que toca la charca y remonta, y otros fenómenos móviles modernos más rápidos, más mecánicos, y más imperceptibles aún. Cuando las cosas empiezan a moverse, al pintor ya no le importa tanto a qué velocidad lo hacen… aunque ya veremos que si le importa el “cómo” lo hacen. Casi se diría que este es su método para representar a ciegas, saber cómo… Caballos, pájaros, lebreles, gimnastas, las ruecas y otros ingenios mecánicos móviles, las caricias, las peleas caravaggiescas, la presión de la sangre, el aleteo de las ropas y el volar de los sombreros, son sólo algunas cosas al azar con más o menos movimiento y con ingeniosas soluciones técnicas en la pintura. Al olvidarnos de tantos fenómenos móviles que no son evidentes o literalmente sobrepasan los umbrales de la percepción, nos olvidamos también de la intensa y paulatina historia de su representación, antes de la invención de la fotografía. Olvido que puede considerarse una dejación por parte de los historiadores del arte, al pensar que antes de la modernidad todo estaba quieto; dejación doble, no sólo porque esas representaciones desde el punto de vista histórico son fuentes preciosas para estudiar lo que Valéry llamó “la ley de las falsificaciones inconscientes” −la brecha en la percepción que una vez llevó a un maestro nipón a representar la lluvia como mil agujas cayendo del cielo−, sino también porque muchas de esas representaciones “inexactas”, como ciertos juegos de piernas en los dibujos de los tebeos y la lluvia representada como líneas, han resistido tenazmente a la verdad mostrada por las fotografías, y siguen sirviendo a día de hoy.

27, 3.

Siempre que alguien te dice “eres maravilloso”, supongo que es bueno. Pero jamás entenderé por qué se me cae la mirada, y se me introduce una profunda tristeza que ni sé de donde viene, ni sé cuánto tiempo se va a quedar conmigo.

José, si no quieres ser maravilloso, ¿qué quieres ser?

Ójala lo sepas alguna vez.

Kipling

Success is failure turned inside out –
the silver tint of the cloud of doubt.
And you never can tell how close you are.
It may be near when it seems so far.
So stick to the fight when you’re hardest hit-
it’s when things seem worst that you must not quit.

26, 3. Pi-pi.

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22, 3.

Hacer una tesis es una cosa sencilla; durante la semana, cada mañana llenas el estómago de café, para que la mente funcione como una de esas cosechadoras que hacen saltar chispas cuando levantan las piedras del suelo con las cuchillas; después, los sábados, al atardecer, hay que llenar el estómago de vino o de cualquier cosa que aminore la marcha de la mente y su frenético movimiento de cuchillas. Aunque sea, hay que pasarse la tarde durmiendo. Y entre una cosa y la otra, la vida pasa sin más.

Y todo ese sacrificio, para un escrito que nadie va a entender, ¿cómo lo van a entender?

Una vez encontré una nota de Max Weber, quien decía que la tesis es “un emparejamiento con la soledad”. Pero la soledad se ha vuelto tan cómica como la melancolía de aquel actor del s. XVI que le decía a su primo: ¿dónde hay una silla para estar melancólico? Mira, primo, ¿lo hago bien? ¿Estoy suficientemente melancólico?.

Hay doctorandos del estado que seguro que acaban el día exhaustos; llegan a casa después de estar todo el día en la universidad, y dicen: esto es dificilísimo. Pero lo dicen como el obrero que termina la faena con satisfacción. Es la reocompensa del trabajo bien hecho, y pueden presumir del cansancio y del esfuerzo. Porque sus investigaciones constribuyen al aparato ideológico del estado o de lo que sea, a cualquier aparato ideológico. Son una pieza en un mecanismo mayor. Alguna vez escuché que les dejan poner los pies encima de la mesa del despacho. En cambio, la tesis del mimo cómico, como yo, nunca reporta esa satisfacción. Aunque al menos conservo los modales, y dejo los pies en el suelo.

También hay otra diferencia. Los doctorandos del estado dicen: me siento tan solo… Se sienten solos interiormente, porque han sido arrojados a la multitud, a merced de su ingenio para hacerse notar. Pero yo no me siento solo, estoy realmente solo, y a veces me tengo que hacer notar a mí mismo, para saber que todavía sigo aquí.